
A veces nos morimos de risa y ese instante vuelve y cuando vuelve, nos reímos otra vez.. Pero hubo otros que también rieron sin parar y por eso, murieron. Cuenta la historia que en el s. III antes de cristo, el filósofo griego Crisipo murió de risa tras darle de beber vino a su burro y burlarse del animal cuando intentaba alimentarse con unos higos. También el rey de Birmania murió de risa. Se acercaba el 1600 y el gobernante se rió hasta morir cuando un mercader italiano le explicó que Venecia era un estado libre que no tenía rey. En 1782, una señorita muy refinada de familia acomodada sufrió un ataque de risa mientras presenciaba una ópera. La sacaron del teatro, se rió toda la noche y al otro día falleció. El 24 de marzo de 1975 Alex Mitchell, un albañil de 50 años murió de risa mientras miraba un episodio de la serie The Goodies. Después de veinticinco minutos de risa continuada, Mitchell finalmente colapsó en el sofá.

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