
Si hablamos de amarillo, hablamos de Van Gogh, del submarino de los Beatles, de la llamada amenaza amarilla, del sol, del otoño. Pero si hablamos de amarillo, también hablamos de ellos, hablamos de “Los Simpsons”. Esos seres que hacen que ser grande y ver dibujitos no nos de vergüenza.Y han pasado muchos años desde el momento en que el dibujante Matt Groening los inventó. Según la leyenda, el hombre aguardaba en la sala de espera para una entrevista con el director de cine James Brooks. Llevaba consigo una carpeta con una propuesta para rellenar minutos de publicidad en un programa del momento. Pero mientras esperaba, cambió de opinión. En quince minutos, tomó un papel y empezó con garabatos. Hizo una familia disfuncional y mientras la dibujaba pensaba sus nombres. Y a toda velocidad, se acordó de toda su familia. Desde Homero, su padre, hasta Marge, el apodo cariñoso de su madre.Fueron sólo quince minutos que llevó el boceto, quince minutos que valen ya por toda una vida.

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